Carlo Forte nació el 11 de Mayo 1943 en la ciudad italiana de Piacenza.

Desde muy joven mostró un interés y una habilidad excepcionales por el dibujo y la pintura. Desinteresado totalmente por las enseñanzas académicas de la escuela, pasaba las clases dibujando y retratando a los profesores y a los compañeros, lo cual le causó más de un conflicto en la escuela. Pero esta etapa también le reportó éxitos en los concursos escolares de dibujo y, su participación como tenor en el coro de la escuela, despertó su pasión por la música

En su juventud tuvo que pasar por todas las etapas requeridas por las convenciones propias de la familia y la sociedad en las que había crecido: estudió en la Escuela Superior, hizo carrera en el Ayuntamiento como Secretario del Alcalde hasta que sintió la necesidad de un cambio radical en su vida. En los años 70 aceptó un trabajo como responsable administrativo en el proyecto de la carretera del café en Etiopía, ésta fue su primera evasión hacia nuevos horizontes; pero todavía no estaba preparado para un cambio definitivo. Al terminar el contrato volvió a Italia y aceptó un trabajo como director del departamento de Tráfico y al mismo tiempo continuó sus estudios de Ciencias Politicas y Sociales en la Universidad de Pavía, pero sin olvidar nunca su atracción por el arte: en su tiempo libre participaba activamente en el Grupo de teatro “La Canea”. Tres años más tarde realizó su doctorado en Ciencias Políticas y Sociales y terminó esta etapa de su vida con una segunda crisis existencial, que culminó en un viaje a Las Islas Canarias en el año 1976. La belleza de la isla de Tenerife le cautivó y su vocación artística prevaleció sobre cualquier pensamiento práctico y, finalmente, su corazón se abrió sin reservas hacia su camino predestinado como artista.
Los primeros años se impuso una autodisciplina y se dedicó al dibujo y la pintura de retratos y paisajes en un estilo figurativo minucioso. Esta pintura era apreciada por el público siempre presente en el sur turístico de la isla. Siguieron años de inquietudes espirituales que lo llevaron a India, Oregón, y Sudamérica, que le permitieron sentir y finalmente transmitir lo que sus ojos veían. A su regreso a Tenerife, su estilo de pintura cambió. Los colores almacenados durante los años de viajero –los colores de África, de la India y sobre todo la luz de las islas del sur de la Italia de sus orígenes– empezaron a salir de su alma y de su pincel. Los “Paisajes del alma” llenaron sus telas de alegría e intensidad. Carlo definió este estilo de pintura como “intuitivo”, algo surgido desde un espacio de silencio y de meditación; del corazón y no de la mente.

En 1983 las construcciones en toda la isla de Tenerife y sobretodo en la costa, cambiaron profundamente su paisaje y la energía que Carlo amaba. Decidió retirarse hacia la montaña para perseguir la paz y el silencio. Encontró en Arona las ruinas de una construcción del siglo XVIII y se dedicó a restaurarlas.
Esta decisión fue el comienzo de una expresión de arte no intencionada, pero inspirada y sensible: piedra a piedra, flor a flor, árbol a árbol fueron plantados en una armonía perfecta, como una composición de música donde las notas fluyen naturales hasta crear un espacio ideal para la expresión artística.
En este periodo Carlo no dejó de pintar y dio inicio a los cursos de pintura y meditación. Sus alumnos llegaban de todos los rincones de Europa para aprender a conectarse, a través de él, con su propia creatividad. De la necesidad de alojar a sus alumnos nació la idea de ampliar “La Casa del Pintor” y convertirla en una casa rural con cuatro casitas independientes rodeadas de preciosos jardines.
Actualmente, Carlo imparte sesiones individuales de pintura intuitiva y además el alojamiento rural está también abierto para huéspedes que quieren relajarse y disfrutar de la naturaleza.
Carlo ha exhibido sus obras en diferentes países europeos, Estados Unidos, América Latina y con más frecuencia en muchas salas de la propia isla de Tenerife. Ahora su Casa Rural es el lugar que él considera ideal para exponer sus pinturas.